El riesgo ambiental de la cacería «sustentable»

Promocionada como una actividad que combina lo tradicional con lo turístico y lo económico, cazar animales conlleva un peligro para la preservación de especies. La fotografía y el avistamiento son opciones con mejores perspectivas económicas.

Juvenil de Pecarí de Collar o Morito cazado en inmediaciones del acceso norte de Salta
Juvenil de Pecarí de Collar o Morito cazado en inmediaciones del acceso norte de Salta

Un viejo slogan rezaba “Salta tan linda que enamora”, buscando algunas palabras a la idea de desarrollar turísticamente la provincia. La ubicación geográfica de la provincia, emplazada en la transición ambiental que va desde los altos Andes a la enmarañada vegetación del Chaco nos brinda una oferta inigualable para desarrollar el turismo en la naturaleza. Actividades como observación y fotografía de fauna, andinismo, mountain bike o Trekking son cada vez más frecuentes. 

Este perfil de desarrollo de turismo sustentable lamentablemente no está acompañado por la sociedad, en parte por una fuerte tradición extractivista, en donde el desarrollo es asociado a la explotación de los recursos y transformación del territorio, como así también políticas gubernamentales poco claras y contradictorias a veces. Un ejemplo claro de ambas situaciones es el de la cacería en los ambientes naturales. Existe un discurso de desarrollo de turismo sustentable y simultáneamente un mayor impulso a procesos extractivistas como la agroindustria o la minería y ninguna política clara de conservación de la biodiversidad, menos aún de regulación real de la cacería en los ambientes salteños.

Pero vamos por partes; muchos dirán que la cacería es una actividad histórica y con un fuerte peso en la cultura y tradiciones de muchas regiones del mundo. Otros sostienen que, incluso, posee un potencial económico enorme si se la maneja correctamente. Todo eso es cierto, pero todo debe ser analizado desde un contexto ambiental actual.

Es cierto que es una actividad arraigada y con cierta impronta en la identidad cultural del NOA, pero la pregunta correcta no sería si es posible, sino si es necesaria. Actualmente la pérdida de las poblaciones de mamíferos (los principales objetivos de la cacería) llegó hasta en un 70% en los últimos 30 años, sumado a que se está desarrollando una de los mayores y acelerados procesos de transformación del territorio. Este proceso acorrala a la fauna en los pocos ambientes relativamente bien conservados. 

Hace unos 20 años la inaccesibilidad de muchos sitios permitía cierto “manejo” de las poblaciones bajo presión de caza, pero la mayor red de caminos y la mayor potencia y fiabilidad de vehículos 4 x 4 dejaron esa percepción solo para los libros de historia. Especies relativamente frecuentes a principio de los años 2000 actualmente se encuentran prácticamente extintas. Estas pérdidas irreversibles tienen consecuencias aún poco estudiadas, pero que van desde la emergencia de enfermedades de importancia sanitaria a la pérdida de usos mucho más redituables a largo plazo.

En cuanto al potencial económico de la cacería, es posible en países con un enorme desarrollo de planes de manejo y uso de fauna silvestre, pero en países con provincias como la nuestra en donde los controles son escasos y la educación ambiental integral es casi inexistente, el aprovechamiento económico es inviable. 

Actualmente la provincia es la que tiene la potestad de regular la caza (RESOLUCIÓN Nº 321 SECRETARÍA DE AMBIENTE Y DESARROLLO SUSTENTABLE Expte. Adm. Nº 227-7599/2018, http://www.boletinoficialsalta.gob.ar/covid/100038263.pdf) con una normativa precisa y una lista restringida de especies permitidas (seis aves y un mamífero exótico e invasor como es la liebre europea), permitiéndose solo la caza menor y sin fines de lucro. Ahora hagamos una auto evaluación; ¿Cuántos sabíamos estos? ¿Cuántos conocemos allegados, familiares o amigos que cazan especies fuera de esta lista? Este escenario regional impide que la cacería sea sustentable, menos aún rentable.

Una alternativa mucho más sustentable y que no elimina al “producto” que se está promoviendo es la de fotografía de fauna. Con el desarrollo de la fotografía digital ésta actividad se hizo más accesible a todos y genera enormes ingresos a las poblaciones locales cuando es bien manejada. Un ejemplo en Sudamérica es el desarrollo de safaris fotográficos en el pantanal. La presencia de grandes predadores, antes considerada un conflicto que indefectiblemente resultaba en la muerte del animal, ahora es una gran noticia para los pobladores ya que implica la llegada de fotógrafos internacionales con el consumo de servicios que eso implica. 

Un ejemplo más cercano es el proceso que se desarrolló en los esteros del Iberá y Colonia Carlos Pellegrini, la cual brinda servicios enfocados al avistamiento y fotografía de fauna. Acá en Salta aún estamos muy lejos de esto debido a, y volvemos al principio, una subvaloración muy marcada desde la sociedad sobre estas actividades y políticas poco claras con objetivos contradictorios.

Durante siglos los animales silvestres fueron protegidos por dioses, la exótica Artemisa y el más cercano Coquena acompañando a la Pachamama son algunos ejemplos, pero el mundo actual no se fundamenta en la magia, es necesario que cambiemos la mirada desde la sociedad sobre la cacería. Si no generamos una educación ambiental fuerte e integrada acompañada de políticas reales de conservación a largo plazo, la fauna, y cualquier actividad o uso relacionado a ella, desaparecerá y habitará solo en paisajes de fábula, transformándose en un simple recuerdo.

Fuente: pagina12.com.ar

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