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04 febrero 2021

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Su mascota también puede donar sangre

Su mascota también puede donar sangre

Su mascota también puede donar sangre

Tienen sus propios grupos sanguíneos y pueden salvar la vida de muchos de sus compañeros

Pancho era un schnauzer gigante de 50 kilos. Falleció hace tiempo, pero durante años fue donante de sangre. «Estaba tan acostumbrado que, cuando le tocaba donar, directamente ponía la pata», cuenta quien fuera su dueño, el veterinario Benito Pérez Delgado. Lo mismo pueden hacer muchos otros animales de compañía, cuya sangre puede salvar la vida de muchos de sus homónimos, el problema es que, según un estudio publicado en 2019, la mayoría de los propietarios desconocen esta posibilidad (70%).

Para ser aptos para la donación, los perros deben pesar más de 20 kilos, tener entre 1 y 8 años y estar en perfecto estado de salud. Estos dos últimos requisitos se extrapolan también al resto de animales. «Todas las especies pueden donar sangre pero, a nivel veterinario, trabajamos con cinco, principalmente: perros, gatos, conejos, hurones y caballos», expresa Luis Viñals, director del Centro de Transfusión Veterinario de Madrid. Las donaciones se pueden realizar una vez cada cuatro meses.

Al igual que los humanos, todos ellos –a excepción de los hurones, que no tienen–, presentan distintos grupos sanguíneos. «En perros se conocen hasta nueve, con nombres como DEA, KAI –que significa ‘perro’ en koreano y fue bautizado así porque fue en este país asiático donde se descubrió– o DAL –que proviene de dálmata, pues el primer paciente en el que se detectó era de dicha raza–», cuenta el especialista. «En gatos hay tres grupos, A, B y AB, pero aunque su denominación coincida con la de los humanos, no tenemos el mismo receptor que ellos», aclara.

El gran problema es que podemos hablar de muchos grupos sanguíneos, pero no existen análisis para determinar qué animal tiene cada uno, porque económicamente no es rentable. «En España, en perros solo podemos determinar el DEA-1, KAI-1 y KAI-2. Lo interesante es que los canes no tienen anticuerpos adquiridos vía materna frente a los grupos sanguíneos, lo que significa que, en una primera transfusión, pueden recibir sangre de cualquier grupo», señala Viñals. Ante una segunda transfusión, sí que sería imprescindible realizar una valoración para prevenir reacciones adversas, pues para entonces el animal ya habrá creado anticuerpos. Eso no ocurre con los gatos, por ejemplo, que no pueden recibir una sangre diferente a la de su mismo tipo.

Sin ‘donante universal’

Las extracciones a donantes se utilizan cuando es necesario realizar una transfusión. Esto puede ocurrir por determinadas enfermedades infecciosas (leishmania, parvovirus en cachorros), traumatismos (roturas por un atropello, por ejemplo), ciertos tumores, cirugías, hemorragias internas o externas, anemias graves e incluso intoxicaciones. Cabe destacar que entre los animales no existe el llamado ‘donante universal’, aunque hasta hace unos años se pensaba que sí.

Dada la falta de recursos para realizar los análisis necesarios a los animales y averiguar sus grupos sanguíneos, lo que se practica para evitar las reacciones postransfusionales es una prueba de reacción cruzada antígeno-anticuerpo, es decir, enfrentar las sangres del donante y el receptor. Si son compatibles, no habrá reacción. Esto puede hacerse de forma sencilla en las clínicas veterinarias.

Otro aspecto curioso es que todo el material que se utiliza para las donaciones no está preparado para veterinaria, pues no interesa a nivel económico, por lo que se utiliza el de la medicina humana. Así, las bolsas de donación son de entre 450-500 mililitros (ml) de sangre. El inconveniente es que la mayoría de los animales de compañía no tienen el tamaño de una persona así que, en muchos casos, es necesario adaptar estas herramientas. «Un perro de 20 kilos a lo mejor sí que puede donar 500 ml de sangre y llenar una bolsa, pero uno de raza pequeña no. Los gatos donan máximo 50 ml, los conejos 40 ml y los hurones 10 ml. Por su parte, un caballo puede donar hasta 8 litros», explica Viñals.

La primera investigación científica sobre una transfusión sanguínea en animales se realizó con un perro en 1965, pero no fue hasta 1988 cuando se creó, en Estados Unidos, el primer banco de sangre en veterinaria. En 2002 el modelo llegó a España, creándose el Centro de Transfusión Veterinario que dirige Viñals. «Lo que hemos creado es una red de clínicas por todo el país que tienen su banco de sangre permanente y nosotros nos encargamos de nutrirlo. También hay clínicas veterinarias que tienen sus propios donantes, a quienes les sacan sangre que utilizan cuando tienen necesidades», explica el especialista.

La principal diferencia entre el banco de sangre propiamente dicho y el centro transfusional es que este último, además de recoger y almacenar las extracciones, se encarga de procesarlas, es decir, separar la sangre en sus distintos hemocomponentes, distribuirlas y realizar labores de investigación.

Fuente: elcorreo

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