Pájaros de cuidado: los pro y los contra de los comederos de aves al aire libre

Los comederos en jardines, ventanas y balcones ayudan a conocer las aves, levantan el ánimo y educan a los niños, aunque hay ‘peros’

Pájaros de cuidado

Las ciudades de Gran Bretaña son un paraíso para las aves urbanitas. La mitad de los propietarios de viviendas en ese país tiene un comedero en su jardín –según publicó el año pasado la revista ‘Nature Communications’ en un artículo titulado ‘La composición de las comunidades de aves británicas está asociada con la alimentación de aves de jardín a largo plazo’–, una práctica que en el último medio siglo ha disparado el número de pájaros en estas áreas gracias a la cantidad de alimento a su disposición. Así, más de la mitad de todas las aves en Reino Unido se mantienen gracias a estos comederos, que proporcionan sustento suficiente para 196 millones de ejemplares, el triple de los que habitan los jardines privados del país, lo que supone un gasto anual de 370 millones de euros –según ‘Science Magazine’–, el doble que el resto de los europeos.Un apabullante negocio en torno a esta propuesta.

Al mismo tiempo, se ha logrado aumentar la variedad de especies, que, en algunos casos, han llegado a experimentar cambios en su morfología, pues algunas han desarrollado en las últimas cuatro décadas picos más largos para alcanzar más fácilmente la comida de estos dispositivos. Un ejemplo: el del carbonero común británico es 0,3 milímetros más largo que el del resto de sus ‘hermanos’ europeos. Y, visto lo visto, hay ya aves que prefieren quedarse en invierno allí en lugar de volar a tierras más cálidas del sur, pues tienen la comida asegurada. En 1972, sólo el 8% de los comederos eran frecuentados por jilgueros, mientras que en 2012 se detectó su presencia en el 87% de ellos.

Aunque, en principio, todo lo anterior suene bien, no hay que despistarse, pues esta sigue siendo una actividad humana que propicia cambios en una comunidad animal, como lo hacen muchas otras que están provocando que miles de especies estén al borde de la extinción. Por eso, los autores del citado informe advierten de que no se conocen aún las consecuencias «a gran escala y a largo plazo en la ecología comunitaria» de una actividad que mueve una «industria multimillonaria dedicada a alimentar pájaros silvestres y que casi seguramente está remodelando comunidades enteras de aves». Han encontrado, además, que «los aumentos en la diversidad de aves en los comederos están asociados con una mayor uniformidad de la comunidad, ya que las especies que antes se observaban raramente en los jardines han experimentado un ‘boom’. Por otro lado, las aves que se alimentan de comederos han crecido exponencialmente mientras que las que no lo hacen se mantienen inalterables». «Nuestros hallazgos ilustran el continuo y grave impacto que las personas pueden tener en la estructura de la comunidad de aves a través de grandes escalas espaciales». Aunque la intención sea buena.

Si pone un comedero, deberá limpiarlo a menudo, pues puede ser foco de contagio de enfermedades entre los ejemplares

Lo explica Beatriz Sánchez, responsable de Biodiversidad Urbana de la Sociedad Española de Ornitología, SEO/Birdlife: «Hay controversia sobre este tema, sobre los beneficios que pueden aportar o no. Nosotros defendemos que es una actividad que ayuda a fomentar el conocimiento y aprecio por las aves. No tiene que tener consecuencias negativas, a algunas especies les beneficia, aunque tampoco puede decirse que sea la solución para las especies en peligro de extinción. Ayuda a sensibilizar y a acercar a la gente a la Naturaleza».

Sin embargo, no se trata de poner por poner, hay que observar una serie de aspectos para no meter la pata al colocar un comedero. El primero, explica Sánchez, «solo hay que ponerlos en invierno, cuando hace más frío y los pájaros no encuentran insectos, flores ni frutos, la comida natural que en primavera empieza a abundar en las zonas verdes». Otra cosa importante es que, muchas veces, esos comederos que se alargan hasta la primavera, época de cría, solo se llenan con alpiste, «y así estamos perjudicando a los polluelos recién nacidos que necesitan proteínas, y si las madres encuentran solo alpiste en los comederos se contentan con eso. Se ha comprobado que, cuando esas crías crecen habiéndose alimentado sin proteína, son adultos más débiles, envejecen peor y mueren antes». Y es mucho peor, avisa, lo que sucede con toda la comida que consiguen en las terrazas de los bares, cuando se comen el pan o los gusanitos llenos de sal de los niños, y acaban alimentándose solo de eso. «Pues sucede como con la salud de las personas que siempre comen comida basura».

No alimentar en los bares

Es el caso de las aves urbanitas más reconocibles junto con palomas: los gorriones. Hace tiempo que se sabe que están desapareciendo de nuestras ciudades por varias causas, entre ellas «la alimentación, porque se inflan en las terrazas de patatas fritas, malísimas para ellos, aunque además sufren por la falta de huecos para nidificar y por la contaminación». Así que al margen de la instalación de comederos, es importante saber que no debemos dar conscientemente ese tipo de alimentos a los gorriones que se posan en las sillas o incluso la mesa de la terraza donde estamos tomando el aperitivo.

Teniendo precaución y cuidado, los comederos en nuestras terrazas, balcones o ventanas, incluso jardines, son una iniciativa «bonita y recomendable en determinadas épocas del año», aconseja la experta. Podemos empezar a colocarlos cuando llega el otoño y quitarlos en primavera, aunque en países como Gran Bretaña y Estados Unidos, los tiene todo el año. «En realidad, –dice Sánchez– lo que habría que hacer es crear más zonas verdes donde los pájaros tuvieran sus necesidades cubiertas; son ideales los jardines con frutales y flores, y eso es lo que promovemos. Aunque los comederos son útiles y una herramienta de educación y sensibilización. Podemos hacerlos incluso reciclando en envases de yogur, aunque también comprarlos». Si damos el paso para colocar uno, deberemos mantenerlo siempre limpio, lavándolo con agua y un poquito de lejía, bien aclarada después, cada dos o tres días. Sánchez recuerda que, hace solo unas semanas, llegaron noticias desde Bélgica y Alemania de una gran mortalidad de pájaros que podría deberse a los comederos. «No hay que olvidar que hablamos de un lugar donde se reunen muchos pájaros y aquí puede suceder como con la pandemia de la COVID, que al juntarse más pueden contagiarse enfermedades». Y poner alpiste, pero también insectos en época de cría, si es que lo queremos mantener.

Para conseguir que los que coman del comedero sean gorriones u otros pajarillos como petirrojos, pinzones, colirrojos, mirlos, malvices, jilgueros, lavanderas, herrerillos, carboneros… etc, y no las voraces y depredadoras palomas, cotorras y gaviotas, que se han convertido en un problema en algunas de nuestras ciudades, deberemos tener cuidado con el sistema elegido, que sirva solo para picos pequeños o con barreras. En Reino Unido hay algunos que tienen una especie de jaula por encima y entonces solo pueden acceder a la comida las especies pequeñas. Y no debemos olvidarnos de los bebederos, un platillo de los que usamos para colocar encima las macetas puede servirnos: «que no sea muy alto, para que puedan beber con sus patitas cortas, porque a veces no llegan a las fuentes, demasiado profundas y con un acceso imposible para ellos», dice Sánchez.

Además de la diversión y las enseñanzas que pueden aportar las aves que se acerquen al comedero, es importante conocer que hay estudios sobre el bieniestar que aportan. Según un informe publicado en la revista ‘Biosciencie’ en 2017, ver pájaros alivia la ansiedad y la depresión; mirar a los pájaros y su entorno, árboles y arbustos, según los científicos, puede mejorar nuestra salud mental. Los investigadores certificaron que aquellos que pasan menos tiempo al aire libre «son más propensos a manifestar sentimientos de ansiedad o depresión. Las aves alrededor de los hogares, lo verde en general, muestran grandes promesas en la salud preventiva, ya que hacen ciudades más saludables, lugares más felices para vivir». Pero no se alarme si no se tiene cerca la naturaleza, siempre nos quedarán los comederos.

Comederos en otoño, bebederos en verano, y la ‘casita’, para marzo

Haciendo caso de las recomendaciones de la Sociedad Española de Ornitología, lo ideal sería mantener los bebederos todo el año, y especialmente en verano. Los comederos se colocan en otoño y se quitan en primavera, época de cría, cuando el alimento natural empieza a abundar. Y si lo que queremos es ver de cerca el proceso de nidificación, en marzo podemos poner una casita para que los pájaros encuentren un lugar seguro donde poner sus huevos y cuidar de los recién nacidos. Con suerte, seremos espectadores de sus lecciones de vuelo, aunque no hay seguridad de que el hogar que construyamos o compremos (en la web de SEO/Birdlife hay varios modelos o instrucciones para fabricar) tenga inquilinos. Y la casita deberá ser muy diferente dependiendo de si se trata de gorriones, golondrinas, aviones… por eso es importante primero conocer qué tipo de aves frecuentan el entorno de nuestra vivienda. Si hay dudas, el mejor es el de especies insectívoras, una caja con agujero adecuado en función del tamaño del pájaro. Y además de elegir el tipo de nido, deberemos encontrar el lugar más idóneo para colocarlo, lejos de movimiento y ruidos y al cobijo del sol directo, la lluvia y el viento. «Hacen falta nidos, pues cada vez quedan menos edificios antiguos con tejas, agujeros… Y luego está la gente que quita, por ejemplo, los de golondrinas, algo que está prohibido».

Fuente: Laverdad.es

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